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22 de septiembre de 2025

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José Luis Hernández de Arce

La caída en la recaudación del IVA en Reino Unido aboca al gobierno a una nueva subida de impuestos

La caída en la recaudación del IVA en Reino Unido aboca al gobierno a una nueva subida de impuestos

La canciller de economía británica, Rachel Reeves ha sufrido un revés de 3.000 millones de libras en la recaudación del IVA en el último trimestre.

Según el organismo de control fiscal del estado, al parecer muchos consumidores británicos están afrontando sus problemas económicos optando por comprar alimentos más baratos en medio de una inflación galopante, y eso a pesar de que la Hacienda Británica aplica un IVA del 0% a alimentos básicos como frutas, verduras y pan.

Y es que la inflación alimentaria se ha disparado en Gran Bretaña en los últimos cinco meses, alcanzando el 5,1 % en agosto, y los economistas predicen que podría acercarse al 6 % antes de fin de año. El principal motivo es que los empleadores están repercutiendo a los precios el aumento de la presión fiscal, algo de la que ya fue advertido el gobierno antes de su último presupuesto.

Pero eso no es todo, pues ante esta debacle en la recaudación, el gobierno se ha visto obligado a solicitar un préstamo de 11.400 millones de libras entre abril y agosto, según cifras oficiales. Este aumento del endeudamiento se produce en un momento en que los economistas tienen fundadas sospechas de que la Canciller de Economía tendrá que aumentar los impuestos en al menos 20.000 millones de libras en el próximo presupuesto, poco más de un año después de que acometiera la mayor subida de impuestos a los británicos en medio siglo por 40.000 millones de libras.

Y es que el Gobierno ha gastado 36.800 millones de libras más en lo que va de ejercicio fiscal en comparación con el mismo periodo de cinco meses del año anterior, con un aumento del gasto público y de los costes de la deuda que supera los ingresos procedentes de ese aumento fiscal.

Y lo más preocupante es que no se ha iniciado ninguna de las reformas anunciadas. Como la ambiciosa reforma del Servicio Nacional de Salud, que Keir Starmer anunció a bombo y platillo y sobre la que, un año después, no existe ni siquiera un borrador de proyecto.

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