11 de mayo de 2026

José Luis Hernández de Arce
Los laboristas pierden más de 1300 escaños en las elecciones locales de mayo

Las elecciones locales celebradas en Reino Unido el 7 de mayo han supuesto un terremoto político de enormes dimensiones. El gran derrotado ha sido el Partido Laborista del primer ministro Keir Starmer, que ha sufrido pérdidas históricas en sus tradicionales bastiones del norte de Inglaterra, Gales y Escocia. Los laboristas han perdido 1.300 concejales, mientras Reform UK, el partido a la derecha de los Conservadores, logró avances espectaculares en lo que hasta ahora eran feudos de la izquierda.
La magnitud del castigo electoral ha desatado una rebelión interna sin precedentes contra Starmer. Diputados laboristas y dirigentes sindicales ya exigen abiertamente su dimisión, advirtiendo de que el actual primer ministro podría “destruir el partido” si continúa al frente. Incluso figuras históricamente leales al liderazgo han comenzado a reclamar una “transición ordenada”.
Aunque por el momento Starmer ha rechazado abandonar el cargo y asegura que seguirá liderando el partido hasta las próximas elecciones generales, el nerviosismo en su organización es evidente. Incluso varios miembros de su gabinete evitaron respaldarle claramente cuando fueron preguntados sobre su continuidad.
El gran vencedor de estas elecciones fue Nigel Farage y su partido, Reform UK, que ha conseguido consolidarse como la principal fuerza política del país rompiendo con el tradicional bipartidismo.
El ascenso de Reform UK se apoya en un programa político centrado en el control de la de la inmigración, la reducción de impuestos, la oposición a determinadas políticas climáticas consideradas gravosas para la economía y la defensa de una agenda más soberanista y crítica con las élites de Westminster. Además, se ha ganado la confianza de una ciudadanía descontenta con el coste de vida, la inseguridad y el deterioro de los servicios públicos.
En definitiva, los resultados dejan a Starmer frente a la mayor crisis de liderazgo desde su llegada a Downing Street, una crisis que podría tener consecuencias inmediatas.
