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18 de mayo de 2026

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José Luis Hernández de Arce

El laborismo entra en pánico: crece la presión para echar a Starmer

El laborismo entra en pánico: crece la presión para echar a Starmer

El primer ministro británico, Keir Starmer, atraviesa una crisis de autoridad sin precedentes tras el descalabro sufrido por el Partido Laborista en las elecciones locales de la semana pasada. En Westminster ya no se discute si el primer ministro está debilitado, sino cuánto tiempo podrá seguir en Downing Street antes de verse obligado a dimitir.

La rebelión interna se precipitó después de que sindicatos y concejales laboristas reclamaran públicamente un cambio de liderazgo. Muchos consideran que Starmer ha perdido conexión con el electorado tradicional del partido.

Hasta 80 diputados laboristas han manifestado su pérdida la confianza en Starmer y muchos más mantienen conversaciones sobre su posible sucesión. Incluso parece que miembros del Gobierno habrían pedido que considere abandonar el cargo para evitar una derrota histórica frente a Reform UK en unas futuras elecciones generales. La crisis llegó esta semana a un punto que podría ser de “no retorno” con la dimisión del Secretario de Salud, Wes Streeting que pretende postularse como sucesor de Starmer.

Entre sus posibles sustitutos destaca Andy Burnham, alcalde de Manchester y figura muy popular entre las bases laboristas. Varios sectores del partido ven en él una opción capaz de reconstruir la coalición electoral tradicional del laborismo.

Otra figura que optará a la sucesión será la ex - viceprimera ministra Angela Rayner, con influencia considerable entre el sector más izquierdista del laborismo. Tras dimitir el pasado septiembre por un escándalo de evasión de impuestos, se ha apresurado a regularizar su situación fiscal para presentarse a la contienda.

Por su parte, el ya exsecretario de salud Wes Streeting representa al ala moderada y reformista del partido. Según sus allegados, las últimas reuniones de gabinete han supuesto una tensión creciente entre él y Starmer hasta precipitar la dimisión de Streeting.

Aunque Starmer insiste públicamente en que seguirá al frente del Gobierno, en Londres crece la sensación de que la batalla por su sucesión ya ha comenzado.

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