6 de julio de 2026

José Luis Hernández de Arce
El agujero de 4.700 millones que Starmer deja en herencia a Burnham

El Plan de Inversión en Defensa presentado esta semana por el Gobierno británico, iba a ser el legado con el que Keir Starmer quería cerrar su etapa al frente de Downing Street. En su lugar, se ha convertido en el primer quebradero de cabeza para Andy Burnham antes incluso de haber tomado posesión formalmente como primer ministro.
El plan contempla 15.000 millones de libras adicionales durante los próximos cuatro años, un incremento del 27%, que elevará el gasto en defensa hasta el 2,7% del Producto Interior Bruto en 2029, con el objetivo de alcanzar el 3,5% comprometido con la OTAN para 2035. Entre las prioridades figuran cazas de nueva generación, drones de combate y la compra de aviones F-35A capaces de portar bombas nucleares, mientras se retiran modelos de fragatas y helicópteros ya obsoletos.
El problema, sin embargo, está en la letra pequeña. La canciller Rachel Reeves solo ha explicado de dónde saldrán 10.300 millones de los 15.000 anunciados. Los 4.700 millones restantes quedan pendientes de confirmación en los presupuestos de otoño, ya bajo la responsabilidad de Burnham y de quien sea su nuevo canciller de economía. Fuentes parlamentarias sugieren que el propio Burnham fue informado del contenido del Plan de Inversión en Defensa antes de su publicación, pero no de que heredaría ese vacío presupuestario sin resolver.
El debate de fondo va más allá de las cifras concretas. El Instituto de Estudios Fiscales advierte que llegar al 3,5% del PIB en 2035 exigirá encontrar unos 25.000 millones de libras adicionales cada año en términos actuales, una presión fiscal que obligará a decisiones dolorosas sobre impuestos, gasto social y deuda pública. La tentación de recortar el presupuesto de ayudas sociales para financiar defensa ya sobrevuela Westminster, aunque los analistas coinciden en que ese ajuste, por sí solo, no bastaría para cubrir la diferencia.
Por su parte, la derecha británica exige ir más rápido hacia el 3% de gasto y adoptar medidas de auténtico estímulo para la economía aligerando la presión fiscal que no ha parado de aumentar desde la llegada al poder de los laboristas.
Para Burnham, que hereda un país con los costes de endeudamiento más altos del G7, la defensa se perfila como el primer examen de fuego de su liderazgo.
